Cueva de la Chiquita (Cueva de Álvarez) – Cañamero

La Cueva de la Chiquita, o Cueva de Álvarez, es uno de esos lugares donde la historia parece aún vibrar en las paredes, gracias a los vestigios milenarios que se conservan en forma de pinturas rupestres. Oculta entre los recodos del río Ruecas, cerca de Cañamero, esta cueva alberga un conjunto de manifestaciones pictóricas que marcan un hito en la arqueología extremeña.

© @eduestellez

Un enclave singular en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara

Situada junto al Charco de la Nutria, en pleno desfiladero del río Ruecas, la cueva se alcanza por una senda bien trazada que parte desde el mismo pueblo de Cañamero. El recorrido, integrado en la Ruta de Isabel la Católica, forma parte de los caminos culturales del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, un paisaje donde la geología y la historia se dan la mano.

Un descubrimiento pionero

En 1916, cuando el abate Henri Breuil, figura clave en el estudio del arte prehistórico europeo, describió por primera vez este conjunto gráfico, convirtiéndose así en la primera manifestación de arte rupestre documentada en la provincia de Cáceres. Desde entonces, ha sido una referencia obligada para el estudio del llamado arte esquemático ibérico.

Este estilo, desarrollado entre el Neolítico final y la Edad del Hierro (entre los milenios IV y I a.C.), destaca por su lenguaje simbólico, directo y de fuerte componente ritual.

Lenguaje pictórico: lo que dicen las figuras

La cueva conserva más de un centenar de pictografías: figuras humanas de trazo simple (cruciformes, ancoriformes en forma de «phi»), ciervos, pectiniformes y una amplia variedad de motivos abstractos. Círculos, retículos y barras aparecen pintados en tonos rojos, negros y algunos blancos, aplicados con pigmentos minerales como hematita y limonita, minerales ricos en hierro, usados como pigmentos naturales.

Lo interesante es que algunas de estas figuras se encuentran a más de siete metros de altura, según se ha determinado mediante estudios técnicos y observaciones in situ que sugieren el uso de andamiajes o estructuras temporales para su ejecución. Además, la distribución por franjas —con figuras humanas en las zonas bajas y motivos simbólicos o abstractos en altura— refuerza la hipótesis de un uso ceremonial, vinculado a rituales comunitarios al aire libre.

© @eduestellez
© @eduestellez

Conservación y puesta en valor

En 2008, la cueva fue objeto de una intervención integral: limpieza, documentación gráfica, análisis de pigmentos y adecuación del espacio para las visitas. Se instalaron pasarelas metálicas y paneles informativos, que permiten hoy una visita cercana pero respetuosa con las pinturas.

Gracias a estas actuaciones, se han recuperado trazos que estaban al borde de la desaparición, garantizando tanto la conservación como la accesibilidad del conjunto.

Ruta recomendada desde Cañamero

El acceso parte desde un punto señalizado cerca de la carretera EX-102, justo al inicio del sendero que bordea el río Ruecas en dirección al Charco de la Nutria y sigue su cauce. El sendero tiene una longitud de unos 3–4 km y presenta una dificultad baja, apta para todo tipo de caminantes. El itinerario, que se puede ampliar hasta el Cancho de la Burra, atraviesa parajes con un gran valor geológico y paisajístico.

La ruta se encuentra señalizada y cuenta con tramos de pasarela que facilitan el paso junto al río, sin interferir con el entorno natural.

Una ventana al pensamiento simbólico

La Cueva de la Chiquita no es solo un abrigo rocoso decorado hace miles de años. Es un testimonio vivo de cómo los primeros grupos humanos de la península construyeron un lenguaje visual cargado de significados. En su interior, cada trazo y cada figura son un eco de rituales, creencias y modos de ver el mundo que, a pesar del tiempo, siguen resonando con fuerza en el silencio de la piedra.


Preguntas frecuentes

¿De qué periodo son las pinturas?
Se datan entre el final del Neolítico (hacia 3500 a.C.) y los inicios de la Edad del Hierro (alrededor de 900 a.C.)

¿Qué representan las figuras?
Formas humanas, animales estilizados y símbolos geométricos con posible función ritual.

¿Están accesibles al público?
Sí. Hay estructuras metálicas que permiten una visita segura y sin contacto directo.

¿Quién realizó el primer estudio?
Henri Breuil en 1916, figura clave del estudio del arte prehistórico europeo.

¿Se han hecho restauraciones?
Sí. En 2008 se realizaron tareas de limpieza, documentación y medidas de conservación del conjunto pictórico.


Enlaces de interés