Madrid ardía en el verano de 1936 y, entre la improvisación y la urgencia, surgió una experiencia singular que cambió el modo de combatir —y de pensar la guerra— en el bando republicano. El Quinto Regimiento de Milicias Populares no fue una columna más: fue un laboratorio político‑militar que, en apenas unos meses, convirtió a miles de voluntarios en una fuerza disciplinada, instruida y cohesionada, y dejó una herencia decisiva en el nacimiento del Ejército Popular.

Un origen consciente en el caos de julio de 1936
El Quinto Regimiento se organizó en Madrid en los días inmediatamente posteriores al asalto y toma del Cuartel de la Montaña (20 de julio de 1936), cuando el golpe fracasó en la capital y la seguridad y la iniciativa armada pasaron en gran medida a comités y milicias.
No nació por decreto ni por azar. Su impulso respondió a una decisión política del Partido Comunista de España (PCE) y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que reorganizaron las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) para dotarlas de mando, disciplina e instrucción.
El nombre tampoco fue casual. La explicación más repetida lo vincula a su origen inmediato: según diversas fuentes, las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), vinculadas al PCE, se articularon en varios batallones o columnas en los primeros días de la defensa de Madrid, y la quinta de esas formaciones terminó cristalizando como el 5.º Regimiento de Milicias Populares. El número, por tanto, no aludía a las Brigadas Mixtas —creadas con posterioridad—, sino al orden interno de aquella primera organización miliciana.
Cuarteles y organización: un regimiento en sentido pleno
El colegio-convento de los Salesianos del Estrecho fue el auténtico corazón del Quinto Regimiento en Madrid. Allí se concentraban el alistamiento, la formación básica, la logística, la sanidad y la propaganda, convirtiendo el edificio en un cuartel general y centro de instrucción permanente. A su alrededor se articularon espacios auxiliares y posiciones temporales en función de los frentes cercanos a la capital, pero el recinto de los Salesianos quedó fijado en la memoria como el cuartel emblemático del regimiento.
La estructura interna imitaba la de una unidad regular: compañías y batallones, servicios de intendencia y sanidad, transmisiones y un estado mayor funcional. En un contexto en el que muchas milicias carecían de cuadros estables y organización duradera, esta concepción integral del mando y los servicios marcó una diferencia inmediata y contribuyó decisivamente a la eficacia y cohesión del Quinto Regimiento.
Disciplina e instrucción: ¿una unidad de élite?
Hablar del Quinto Regimiento como unidad de élite requiere matices, pero es una calificación defendible si se entiende en términos comparativos con el resto de milicias de 1936. La clave estuvo en la instrucción acelerada y sistemática: orden cerrado, manejo de armas, nociones tácticas básicas y, sobre todo, una cadena de mando clara.
Una práctica muy citada resume bien su singularidad. En los primeros compases de la guerra se ha señalado que, en determinadas unidades, los milicianos podían participar en la elección o ratificación de sargentos y mandos inferiores, lo que daba legitimidad interna a la cadena de mando en un ambiente revolucionario. Sin embargo, una vez fijados los responsables, el funcionamiento cotidiano se apoyaba en un principio operativo esencial: la orden se cumple. Esta combinación —participación inicial y disciplina posterior— ayudó al Quinto a mantener cohesión sin romper del todo con la cultura política del momento.
El resultado fue una fuerza capaz de actuar con rapidez y coordinación en los frentes próximos a Madrid, y de servir como cantera de cuadros para unidades de mayor entidad.
Comisarios políticos y adoctrinamiento: la política como arma
Otro rasgo distintivo fue la temprana adopción del comisariado político, antes incluso de que el Estado republicano lo institucionalizara plenamente. Figuras como Vittorio Vidali encarnaron esa función: garantizar la moral, cohesionar ideológicamente a la tropa y actuar como enlace entre el mando militar y la dirección política.
Con el avance de la militarización y la creación del Ejército Popular, el comisariado pasaría a regularse a escala estatal, pero el Quinto ya había normalizado en la práctica esa lógica de cohesión política y disciplina.
El adoctrinamiento no se entendía como un añadido, sino como parte de la eficacia militar. La consigna era clara: un combatiente consciente de por qué lucha resiste más y obedece mejor. En el Quinto, la política y la guerra avanzaron de la mano.
La misión cultural: prensa, teatro y palabra en el frente
El Quinto Regimiento convirtió la cultura en un frente más. Su diario, Milicia Popular, comenzó a publicarse el 26 de julio de 1936 y se mantuvo hasta el 24 de enero de 1937. En sus páginas convivían partes de guerra, consignas, artículos doctrinales y llamamientos a la disciplina.
Junto a la prensa, el Quinto se vinculó a dispositivos de agitación y cultura de guerra como el Altavoz del Frente y a experiencias de teatro de guerrilla impulsadas en el Madrid republicano, en conexión con redes como la Alianza de Intelectuales Antifascistas. En ese ecosistema participaron figuras como Rafael Alberti y María Teresa León. Lecturas, representaciones y mítines se llevaban a la retaguardia y, cuando era posible, a las propias líneas de combate. El objetivo era sostener la moral, educar políticamente y reforzar la identidad colectiva.

Efectivos: cifras y crecimiento
Las cifras del Quinto Regimiento reflejan su rápido crecimiento, pero conviene distinguir entre fuerza simultánea (cuántos combatientes estaban encuadrados a la vez) y alistamientos acumulados (cuántas personas pasaron por la unidad durante meses). Las estimaciones más prudentes sitúan su fuerza entre 6.000 y 20.000 milicianos en el periodo comprendido entre agosto y noviembre de 1936. Otras cifras más elevadas, que hablan de decenas de miles de alistamientos, deben entenderse como recuentos acumulativos del paso de voluntarios por la unidad, no como fuerza simultánea en armas.
Más allá del número exacto, lo relevante es la capacidad de absorción y formación: miles de hombres pasaron por el Quinto antes de integrarse en estructuras mayores del nuevo ejército republicano.
Mandos y cuadros destacados
Entre los nombres asociados al Quinto Regimiento destacan algunos de los principales jefes militares republicanos de la guerra:
- Enrique Castro Delgado, organizador y primer comandante del regimiento en su fase inicial (julio–septiembre de 1936).
- Enrique Líster, figura clave en la profesionalización de la unidad; asumió la jefatura del Quinto el 20 de septiembre de 1936 y, en el proceso de militarización y creación del Ejército Popular, pasaría a mandar la 1.ª Brigada Mixta y más tarde la 11.ª División.
- Juan Guilloto León (“Modesto”), organizador y cuadro de mando temprano del Quinto; en el otoño de 1936 asumió responsabilidades de dirección y encuadramiento en el proceso de militarización y encuadramiento del nuevo Ejército Popular, y acabaría siendo uno de sus cuadros más sólidos.
- Vittorio Vidali (conocido también como “Comandante Carlos” o “Carlos Contreras”), referente del comisariado político y de la disciplina ideológica (mando político, no estrictamente militar).
El Quinto fue, en este sentido, una auténtica escuela de mandos.
Del Quinto al Ejército Popular: disolución e integración
El final del Quinto Regimiento no llegó por derrota, sino por transformación. Con el proceso de militarización del otoño de 1936 y la creación del Ejército Popular —articulado en Brigadas Mixtas—, su función quedó cumplida.
La disolución formal se produjo en la última semana de enero de 1937. Algunas referencias sitúan el cierre el 22 de enero, mientras que los registros institucionales fijan la disolución el 27 de enero de 1937; desde entonces, sus cuadros y batallones quedaron absorbidos por el Ejército Popular. Sus batallones, cuadros y servicios se integraron principalmente en la 1.ª Brigada Mixta y, poco después, en la 11.ª División, conocida como la División Líster.
El Quinto desapareció como nombre, pero sobrevivió como método.
Legado: una huella desproporcionada
En apenas medio año de existencia, el Quinto Regimiento dejó una huella que excede con mucho su duración. Fue el puente entre la milicia revolucionaria y el ejército regular, entre la improvisación y la disciplina, entre la política como consigna y la política como estructura.
Su legado se mide en cuadros formados, en una concepción integral de la guerra —militar, política y cultural— y en la convicción de que la organización podía decidir el destino de una batalla. En la historia de la Guerra Civil, pocos nombres concentran tanta influencia en tan poco tiempo.
Enlaces de interés
- Wikipedia: Quinto Regimiento
- Rutas Bélicas: Canción El Quinto Regimiento
- Al Loro: Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española: historia y legado
- SBHAC: Las Brigadas Mixtas del Ejército Popular
- Al Loro: El POUM en la Guerra Civil Española: de la revolución a la represión
- Mundo Obrero: 89 aniversario de la creación del Quinto Regimiento de Milicias Populares
- Al Loro: Cuerpo de Carabineros Españoles durante la Guerra Civil (1936–1939)
- El Diario: Homenaje al Quinto Regimiento en los salesianos de Estrecho, donde estuvo su sede durante la guerra