El rostro de Augusto ha sobrevivido en innumerables monedas, esculturas y monumentos. Mucho más difícil resulta encontrar el rastro de quienes gobernaban las ciudades de su Imperio. Sin embargo, una moneda de bronce acuñada hace unos dos mil años en Calagurris, la actual Calahorra, conserva los nombres de dos de sus magistrados: Lucius Valentinus y Lucius Novus. Apenas sabemos nada de sus vidas, pero aquellas letras desgastadas nos permiten descubrir cómo funcionaba el poder en una ciudad de la Hispania romana.

Calagurris, una ciudad que encontró su lugar en el Imperio
La moneda pertenece al reinado de Augusto, el primer emperador romano, y fue acuñada en Calagurris Iulia, una comunidad de la Hispania Tarraconense situada en el valle medio del Ebro. Se trata de un as de bronce, una pieza de uso corriente que presenta en una cara la cabeza laureada del emperador, mirando hacia la derecha, y en la otra la figura de un toro acompañado de inscripciones. No posee la apariencia solemne de los grandes monumentos imperiales, pero reúne una cantidad sorprendente de información histórica. En su superficie conviven el retrato del hombre que dominaba Roma y los nombres de dos magistrados responsables de la administración municipal.
Para comprender el significado de esta emisión conviene recordar que Calagurris tenía una larga historia anterior a Augusto. Sus orígenes se relacionan con el asentamiento prerromano de Kalakorikos, cuya ceca ya había producido monedas con inscripciones ibéricas. La ciudad conoció uno de sus episodios más dramáticos durante las guerras sertorianas, en el siglo I a. C., cuando apoyó a Quinto Sertorio frente a sus adversarios romanos. El asedio y la destrucción sufridos en el año 72 a. C. dejaron una profunda huella en las fuentes antiguas, aunque la población logró recuperarse e iniciar una nueva etapa dentro del mundo romano.
La transformación política fue considerable. Calagurris alcanzó la condición de municipio de ciudadanos romanos, un estatuto que la integraba en las instituciones de Roma y le permitía organizar su propio gobierno local. La fecha precisa de aquella promoción ha sido discutida por los investigadores, con propuestas que la sitúan en las últimas décadas de la República y en los comienzos del gobierno de Augusto. El historiador Urbano Espinosa Ruiz defendió una cronología vinculada a los años 31-30 a. C., aunque no existe unanimidad absoluta sobre el momento de la concesión. Lo que muestran las emisiones monetarias posteriores es que Calagurris había desarrollado una estructura municipal romana, con magistrados y una identidad institucional que podía expresar públicamente.
Aquel cambio no fue únicamente una cuestión de títulos. La ciudad se integró en un sistema administrativo mucho más amplio, mientras su paisaje urbano experimentaba transformaciones que la arqueología ha documentado mediante restos de termas, cloacas, conducciones de agua y otras construcciones. Bajo las calles de la Calahorra actual permanecen testimonios de una comunidad que participaba en la vida económica, jurídica y política del Imperio. La moneda de Augusto pertenece a esa realidad y permite acercarse a un aspecto que los edificios, por sí solos, difícilmente pueden explicar: quiénes intervenían en el gobierno de la ciudad.
Lucius Valentinus y Lucius Novus, dos nombres rescatados por el bronce
La inscripción del reverso constituye uno de los elementos de mayor interés histórico de esta pieza. El catálogo académico Roman Provincial Coinage Online, una referencia fundamental para el estudio de la moneda provincial romana, registra una emisión de Calagurris bajo el número RPC I, 445, cuya leyenda menciona a Lucius Valentinus y Lucius Novus. Junto a sus nombres figura la abreviatura IIVIR, que identifica a los duoviri, los duunviros, una de las principales magistraturas de los municipios romanos.
Los duunviros ejercían el cargo de forma colegiada, normalmente durante un año, y asumían responsabilidades esenciales para el funcionamiento de la comunidad. Entre sus competencias se encontraban la dirección de asuntos administrativos, determinadas funciones judiciales y la convocatoria y presidencia de las reuniones del consejo municipal. Su actividad se desarrollaba junto a otros magistrados y al ordo decurionum, el órgano formado por los decuriones, que intervenía en las decisiones importantes de la ciudad, especialmente las relacionadas con los recursos públicos y la gestión municipal.
Aquel sistema permitía que las ciudades romanas dispusieran de autoridades cercanas encargadas de buena parte de su administración. No eran gobernantes independientes ni ejercían un poder comparable al del emperador, pero tampoco simples figuras ceremoniales. Los duunviros ocupaban una posición destacada en la vida pública y representaban la autoridad municipal dentro del orden político romano. La investigadora Gloria Andrés Hurtado, en su estudio Municipium Calagurris Iulia Nassica, explica precisamente la importancia de las emisiones monetarias para reconstruir estas magistraturas, puesto que la ley municipal de Calagurris no ha llegado hasta nosotros.
De Lucius Valentinus y Lucius Novus conocemos sus nombres y el cargo que desempeñaron gracias a esas acuñaciones. No disponemos de información suficiente para describir sus familias, su edad, su patrimonio ni las decisiones concretas que adoptaron. Tampoco sabemos qué relación personal mantenían o cómo transcurrió su mandato. Cualquier intento de convertirlos en personajes con una biografía detallada sería una reconstrucción sin respaldo documental. Sin embargo, su aparición conjunta en una moneda demuestra que participaron en el gobierno de Calagurris y que sus nombres quedaron asociados a una emisión pública de la ciudad.
Esta circunstancia plantea una cuestión especialmente interesante: ¿por qué una moneda romana llevaba los nombres de magistrados locales? La respuesta se encuentra en la propia organización del Imperio. Augusto concentró una autoridad extraordinaria, pero Roma necesitaba que las ciudades administrasen numerosos aspectos de la vida cotidiana. Las instituciones municipales constituían una parte indispensable de aquel sistema, y las acuñaciones provinciales reflejaban la coexistencia entre el poder imperial y las autoridades locales. El retrato de Augusto manifestaba la pertenencia al mundo político romano, mientras que los nombres de los duunviros identificaban a los responsables municipales asociados a la emisión.
No sabemos qué circunstancias concretas motivaron esta acuñación. Las ciudades podían necesitar numerario para sus actividades económicas, pero la investigación también ha relacionado determinadas emisiones provinciales con acontecimientos públicos, necesidades militares y otras situaciones. La presencia de los magistrados no demuestra por sí sola que financiaran personalmente las monedas ni que decidieran de manera autónoma su fabricación. Su inscripción constituye, ante todo, un testimonio de la participación institucional del gobierno municipal en la actividad monetaria.
Las palabras de Augusto y el misterio del toro
Las inscripciones permiten obtener información que va mucho más allá de los nombres de los magistrados. En la emisión RPC I, 445, el anverso presenta la leyenda IMP AVGVST PATER PATRIAE, que recoge los títulos del emperador. La expresión Pater Patriae, «padre de la patria», resulta especialmente importante porque Augusto recibió oficialmente esa distinción en el año 2 a. C. El propio gobernante recordó aquel reconocimiento en sus Res Gestae, el relato de sus actuaciones políticas destinado a preservar su memoria.
Gracias a ese título sabemos que la emisión no pudo realizarse antes del año 2 a. C. El catálogo RPC la sitúa después de esa fecha, durante el reinado de Augusto, fallecido en el año 14 d. C. Existe además una variante catalogada como RPC I, 446, que menciona a los mismos magistrados, pero presenta diferencias en las leyendas. La fotografía de la moneda que acompaña este artículo permite reconocer sus características generales, aunque la lectura de algunas letras no ofrece seguridad suficiente para atribuir el ejemplar de manera definitiva a una de las dos referencias. Esta distinción, aparentemente menor, es necesaria para mantener el rigor de su identificación.
La otra imagen que domina la moneda es el toro, representado de perfil y orientado hacia la derecha. Su presencia no constituye una singularidad de Calagurris, pues aparece también en emisiones de otras ciudades hispanorromanas del valle del Ebro. La historiadora Helena Gozalbes García ha estudiado ampliamente la difusión de este motivo durante los gobiernos de Augusto y Tiberio, mostrando que formaba parte de un lenguaje visual compartido por diferentes centros emisores de la región.
Su significado exacto, sin embargo, sigue siendo objeto de interpretación. Los investigadores han propuesto distintas explicaciones sobre el origen y la función simbólica del toro, desde posibles asociaciones religiosas hasta su relación con determinados elementos de identidad cívica y militar. Ninguna de esas propuestas permite asegurar que el animal representado en esta moneda tuviera un significado único y perfectamente establecido. Lo que sí podemos afirmar es que Calagurris utilizó una imagen reconocible dentro de la tradición monetaria regional, acompañándola de su propia denominación municipal y de los nombres de sus magistrados.
El valor histórico de aquellas inscripciones se comprende mejor cuando se observa el conjunto de las acuñaciones calagurritanas. Gracias a ellas ha sido posible reconstruir una sucesión de magistrados locales cuyos nombres apenas habrían dejado rastro en otras fuentes. El estudio de Urbano Espinosa Ruiz sobre la historia antigua de Calahorra documenta numerosas parejas de autoridades municipales conocidas fundamentalmente por las monedas. Cada emisión proporciona una pequeña pieza de información que, al reunirse con las demás, permite conocer mejor la organización política de la ciudad.
La memoria de una ciudad en una moneda corriente
Una de las cualidades más extraordinarias de las monedas antiguas es su capacidad para conservar información que sus contemporáneos podían considerar completamente normal. Los nombres de los magistrados, los títulos oficiales y las denominaciones de las ciudades formaban parte de la vida pública romana. No estaban destinados necesariamente a recordar a aquellos hombres durante siglos, sino a identificar autoridades y comunidades en el contexto de su propio tiempo.
La moneda de Calagurris ofrece también una ventana a las conexiones económicas del Imperio. Las investigaciones numismáticas han documentado la circulación de emisiones calagurritanas fuera de Hispania, incluso en territorios relacionados con la presencia militar romana en Germania. Estos hallazgos han permitido plantear posibles vínculos entre algunas acuñaciones y las necesidades de abastecimiento monetario del ejército, aunque no autorizan a reconstruir el recorrido individual de la pieza fotografiada. Desconocemos dónde fue hallada y cuáles fueron sus circunstancias de conservación.
Esa ausencia de información sobre su historia particular no reduce lo que puede enseñarnos. La moneda constituye un documento que relaciona a Calagurris con Augusto, identifica a dos magistrados de su gobierno y muestra cómo una comunidad provincial expresaba su posición dentro del orden romano. Su testimonio adquiere todavía más importancia porque procede de un objeto concebido para circular, no de una gran inscripción monumental destinada a perdurar.
Augusto dejó una huella inmensa en la historia. Su nombre aparece en innumerables documentos y su gobierno marcó una transformación decisiva del mundo romano. Lucius Valentinus y Lucius Novus, en cambio, habrían podido desaparecer casi por completo de nuestra memoria. No conocemos sus voces, sus decisiones ni sus historias personales. De ellos nos quedan unas letras grabadas en bronce y la certeza de que ocuparon una magistratura en una ciudad de Hispania.
Después de aproximadamente dos mil años, la superficie de aquella moneda está desgastada y parte de sus inscripciones exige una lectura cuidadosa. Pero todavía conserva algo que ningún retrato imperial puede contar por sí solo: la existencia de dos hombres que participaron en el gobierno de Calagurris. Augusto pasó a la historia como dueño de un Imperio; Lucius Valentinus y Lucius Novus han llegado hasta nosotros porque una ciudad decidió grabar sus nombres en una moneda.