El claustro de la Catedral de Plasencia: corazón gótico entre dos templos

Silencioso y luminoso, el claustro de la Catedral de Plasencia resume en unos metros la historia de la ciudad y de sus dos templos vecinos. Aquí se percibe la transición del románico al gótico, la huella cisterciense y la vida cotidiana del cabildo, hoy reconvertida en un recorrido patrimonial imprescindible.

Fuente gótica del claustro de la Catedral de Plasencia, con decoración vegetal y heráldica, frente a los arcos apuntados de estilo cisterciense.
Fuente gótica en el patio del claustro – © @eduestellez

Un espacio nacido con la Catedral Vieja

El claustro pertenece a la Catedral Vieja (Santa María), levantada entre los siglos XIII y XIV en plena transición del románico al gótico. La fábrica muestra esa mezcla: columnas y capiteles con motivos bíblicos de tradición románica, frente a arcos apuntados y bóvedas de crucería de sabor gótico. La influencia del Císter aporta sobriedad y ritmo a las pandas —especialmente en las pandas oeste y sur—, en contraste con la riqueza escultórica de algunos capiteles.

Arquitectura y símbolos

Más que un paso entre estancias, el claustro fue centro de la vida eclesiástica: tránsito, oración, lectura y gobierno del cabildo. La luz tamizada y la repetición de arcos crean un recorrido que invita a la contemplación, donde molduras, claves y ménsulas hablan de oficios y devociones.

Galería del claustro de la Catedral de Plasencia con arcos apuntados y capiteles esculpidos, iluminada por la luz natural.
Galería con arcos – © @eduestellez

La fuente heráldica del siglo XV

En el patio se alza una fuente gótica (siglo XV) decorada con los escudos del obispo y cardenal Juan de Carvajal, pieza que añade presencia heráldica al espacio y recuerda la protección episcopal sobre el conjunto.

Sepulcros y memoria

El pavimento y los muros del claustro conservan lápidas sepulcrales de canónigos y piezas lapidarias. En el recorrido aparecen también restos romanos y una pila bautismal, testimonio de reutilizaciones y cambios de función que han acompañado al edificio a lo largo de los siglos.

Punto de unión entre la Vieja y la Nueva

Este claustro es, literalmente, la bisagra entre la Catedral Vieja y la Catedral Nueva. En la panda oriental puede observarse el encuentro entre ambos edificios, con los paramentos más recientes apoyándose en las fábricas medievales. Ese “corte” a la vista del visitante explica por qué el claustro funciona como eje de paso y como lección de historia constructiva a cielo abierto.

La Capilla de San Pablo y la “Torre del Melón”

Desde el claustro se accede a una de las joyas del conjunto: la Capilla de San Pablo, antigua sala capitular. Su planta es cuadrada, pero se convierte en octógono mediante trompas. Se cubre con una bóveda gallonada de dieciséis nervios que funciona como linterna. Al exterior, la popular “Torre del Melón” se reconoce por su cúpula cónica gallonada, revestida con lajas de piedra en forma de escamas. Este tipo de linternas recuerda a otros cimborrios hispanos, como los de Zamora, Toro o la Torre del Gallo en Salamanca.

Pila bautismal románica con decoración acanalada en capilla del claustro de la Catedral de Plasencia, acompañada de sepulcros y una escultura.
Pila bautismal y sepulcros en el claustro – © @eduestellez
Bóveda gallonada de dieciséis nervios en la Capilla de San Pablo, conocida como Torre del Melón, dentro del claustro de la Catedral de Plasencia.
Bóveda gallonada de la Capilla de San Pablo – © @eduestellez

Visitar el claustro hoy

La Catedral Vieja y el claustro forma parte del itinerario de visita por las dos catedrales. Más allá de las piezas expuestas, su mayor valor sigue siendo la atmósfera: la evocación del murmullo que la fuente gótica silenciosa conserva en la memoria del lugar, la piedra templada por siglos y la certeza de hallarse en el corazón histórico de Plasencia.


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