Batalla de Bailén (1808): cómo cayó el mito napoleónico en España

En el verano de 1808, con el polvo pegado a la garganta y el sol cayendo a plomo, un ejército francés que venía de encadenar victorias descubrió algo incómodo: en España también se podía perder. Bailén no fue un choque más; fue el día en que la Guerra de la Independencia dejó de parecer una revuelta controlable y pasó a ser un asunto europeo.

he Battle of Bailén was contested in 1808 between the Spanish Army of Andalusia, led by Generals Francisco Castaños and Theodor von Reding, and the Imperial French Army's II corps d'observation de la Gironde under General Pierre Dupont de l'Étang.
World History Archive/Alamy

Qué estaba pasando en España en 1808

La batalla no se entiende sin el contexto de los primeros meses de la Guerra de la Independencia. Tras el levantamiento y la extensión de la resistencia, Francia necesitaba asegurar rutas, ciudades y suministros. En ese marco, el general Pierre Dupont de l’Étang lideró una incursión hacia Andalucía que terminó convirtiéndose en una trampa estratégica: fuerzas estiradas, logística frágil y un enemigo que, por fin, empezaba a coordinarse.

Del lado español, el llamado Ejército de Andalucía operaba bajo el mando general de Francisco Javier Castaños, y en el dispositivo de combate en Bailén tendría un peso decisivo Teodoro Reding.

Lo más interesante vendría después: cuando la columna francesa intenta reorganizarse y abrirse paso, el dispositivo español se cierra en torno a Bailén. Ahí, el terreno y el calor dejan de ser “contexto” y se convierten en parte del combate.

Dónde se libró y por qué el terreno importaba tanto

Bailén, en la actual provincia de Jaén, no es un nombre al azar en un mapa. Las posiciones alrededor del entorno (arroyos, pequeñas elevaciones y caminos) condicionaron los movimientos, y la batalla se desarrolló en un escenario donde el calor y la falta de agua pesaron casi tanto como los cañones.

Si quieres visualizar cómo se ordenaban los movimientos, existen láminas cartográficas de la época —de las más útiles para “ver” la batalla— conservadas en la Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia.

Quién luchó: fuerzas y mandos

Las cifras varían según las fuentes, pero los rangos más citados sitúan el enfrentamiento entre:

  • España: en torno a 29.000–30.000 hombres (Ejército de Andalucía), con Castaños al mando superior y Reding dirigiendo el combate en el área de Bailén.
  • Francia: aproximadamente 20.000–24.000 efectivos bajo Dupont, con la expectativa de apoyo de columnas como la de Vedel.

Más allá del número, la clave fue la situación: franceses cansados, con suministros comprometidos; españoles con mejor colocación defensiva y un objetivo claro: impedir la ruptura.

El 19 de julio: cómo se decide la batalla

La batalla de Bailén se enmarca en una serie de combates y movimientos desarrollados entre el 16 y el 19 de julio de 1808, con el enfrentamiento del día 19 como desenlace decisivo.
No fue una única carga heroica ni un “golpe de suerte”. Bailén se decidió por acumulación de desgaste.

Soldiers firing on the enemy in Representation of the Battle of Bailen, Bailén Jaén province, Andalusia, Spain
Felipe Caparros Cruz/Alamy

El choque inicial y el atasco táctico

En las primeras horas se produce el contacto fuerte y el combate se endurece rápido. Dupont intenta abrirse paso con ataques repetidos, pero el dispositivo español aguanta y obliga a los franceses a pagar cada metro.

El factor agua: cuando la logística se convierte en arma

A medida que avanza la mañana, el calor se vuelve un enemigo adicional. En batallas de pólvora negra ya era difícil mantener el ritmo; sin agua, esa dificultad se multiplica. El resultado es un ejército que ataca con menos continuidad, peor coordinación y más agotamiento.

La pieza Vedel: el apoyo que no cambia el final

La presencia de Vedel en la campaña es relevante porque explica por qué la derrota no se queda en un “revés” sino que acaba en rendición. Su columna llega tarde y a destiempo: cuando aparece en el entorno, la situación de Dupont ya está muy deteriorada, y cualquier intento de ruptura exige una coordinación que el calor, el desgaste y la confusión táctica hacen casi imposible.

Dicho en corto: no faltó un “último empujón”, faltó margen.

La rendición y las Capitulaciones de Andújar

Bailén es famosa por la batalla… pero también por lo que ocurre después. La derrota se formaliza en las Capitulaciones de Andújar (22 de julio de 1808), que fijaron la entrega de fuerzas y dejaron a miles de soldados franceses como prisioneros.

Ese detalle cambia la escala del acontecimiento: ya no hablamos de una retirada, sino de un golpe político y militar que se siente dentro y fuera de España.

Consecuencias inmediatas: por qué Bailén fue un terremoto

La noticia corrió como pólvora por Europa por tres razones muy concretas:

  1. Demostraba que un ejército napoleónico podía ser derrotado en campo abierto, no solo en guerrillas o emboscadas.
  2. Provocó una crisis de control en la ocupación: tras conocerse la derrota, José I y su corte abandonaron Madrid el 1 de agosto de 1808, dejando la capital expuesta.
  3. Cambió el tono de la guerra: la resistencia española dejó de parecer un episodio pasajero y obligó a Francia a replantear su esfuerzo militar.

La guerra también tuvo una dimensión cultural: durante la ocupación se produjo expolio artístico por parte de tropas y autoridades francesas. Parte de ese botín se recuperó más tarde —por ejemplo, tras la derrota francesa en Vitoria (1813), cuando se abandonó la llamada baggage of King Joseph—, aunque muchas piezas no regresaron a España.

Lo que suele olvidarse: la “resaca” humana de Bailén

Detrás del titular histórico queda una consecuencia material: los prisioneros. Su destino, marcado por traslados improvisados y condiciones extremas, prolongó la batalla mucho más allá del 19 de julio. Parte de esa historia continuó en lugares como la isla de Cabrera, donde el cautiverio de soldados franceses se convirtió en uno de los episodios más duros de la posguerra inmediata. Por eso Bailén no terminó cuando callaron los cañones.


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