Vitelio: guerra civil y poder militar en el año 69 d.C.

Roma no perdió un emperador en el año 69 d.C.: perdió el suelo bajo los pies. Entre el 2 de enero, cuando fue proclamado por las legiones del Rin, y el 20 de diciembre del 69, cuando murió en Roma, el poder de Vitelio atravesó fases distintas: primero como emperador militar aclamado en provincias, después como gobernante reconocido en la capital desde julio hasta su caída. En medio de una guerra civil donde las legiones aprendieron que podían “hacer” césares a golpe de aclamación, Aulus Vitellius llegó al poder como llega un incendio: rápido, brillante, y con un final inevitablemente negro.

Denario romano de plata acuñado por Vitelio
Denario de Vitelio – © @eduestellez

El año en que el Imperio se partió en cuatro

El reinado de Vitelio no es una biografía aislada, sino un capítulo del Año de los Cuatro Emperadores. Tras la muerte de Nerón, el poder dejó de ser un trono y se convirtió en una carrera armada.

En apenas doce meses, Roma vio pasar a:

  • Galba, derrocado en la capital.
  • Otón, derrotado en el norte y suicidado para frenar más derramamiento de sangre.
  • Vitelio, proclamado por las legiones del Rin y reconocido en Roma tras vencer.
  • Vespasiano, el vencedor final, respaldado por el Oriente imperial.

Ese contexto importa porque explica lo esencial: Vitelio no asciende por “programa político”, sino por músculo militar.

Quién era Aulo Vitelio antes de ser emperador

Aulo Vitelio (latín: Aulus Vitellius) no aparece en las fuentes como un revolucionario, sino como un miembro de la élite romana con carrera completa. Fue cónsul en el año 48 y probablemente procónsul de África hacia 60–61, según las síntesis biográficas modernas, aunque las fuentes antiguas no siempre son precisas en la cronología de este cargo. La impresión general es la de un hombre bien conectado y con experiencia administrativa.

Su perfil, sin embargo, quedó marcado por un rasgo que se repetirá en casi todos los relatos posteriores: la hostilidad. Las grandes narraciones antiguas que nos han llegado —Tácito, Suetonio y, más tarde, Dión Casio— lo describen con una dureza que obliga a leer con cautela. No porque “no cuenten hechos”, sino porque lo hacen atravesados por un problema clásico: los vencedores escriben la memoria.

Busto del emperador Vitelio.
Cola Images/Alamy

La proclamación en Germania: cuando las legiones eligen emperador

El movimiento decisivo ocurre lejos de Roma. Galba había nombrado a Vitelio gobernador de Germania Inferior en el tramo final del 68. Allí, el ambiente era explosivo: las tropas del Rin estaban resentidas, y la fidelidad al nuevo emperador era frágil.

Vitelio supo ganarse a los soldados con una política que, en los relatos, aparece resumida en una palabra: generosidad. El 2 de enero del 69, sus tropas lo proclamaron emperador. Pronto se sumaron apoyos de otras zonas del Occidente imperial, y el conflicto quedó servido.

Aquí entra un detalle clave para narrar el artículo con precisión: Vitelio es emperador antes de ser “emperador en Roma”. En términos políticos, una cosa era la aclamación militar y otra el reconocimiento formal por el Senado y la capital. Ese desajuste explica por qué su autoridad dependió, desde el primer día, de mantener unido al aparato militar que lo había elevado.

La marcha hacia Italia y la guerra contra Otón

Otón había reemplazado a Galba en Roma tras un golpe. El choque con Vitelio se volvió inevitable: dos emperadores, dos legitimidades y, sobre todo, dos ejércitos.

El enfrentamiento decisivo fue la Primera batalla de Bedriacum, cerca de Cremona, el 14 de abril del 69. La victoria favoreció a las fuerzas de Vitelio. Dos días después, el 16 de abril, Otón se suicidó.

Ese suicidio no fue un detalle menor: cambió el tono del conflicto. Otón eligió morir antes que prolongar la guerra, y esa decisión —según las fuentes— proyectó una sombra incómoda sobre el vencedor. Vitelio heredó el poder, sí, pero también heredó un país agotado, con lealtades rotas y provincias mirando a Roma con escepticismo.

Llegada a Roma: reconocimiento, símbolos y un poder mal anclado

Tras la derrota de Otón, Vitelio fue reconocido por el Senado y entró en Roma en julio. A partir de ahí, su reinado toma dos caminos a la vez:

  1. Consolidación formal: el aparato del Estado lo reconoce, se acuñan monedas, se adoptan títulos y se proyecta normalidad.
  2. Fragilidad real: el Imperio seguía en tensión y la coalición que lo sostenía estaba compuesta por militares y clientelas con intereses propios.

Uno de sus movimientos más significativos fue disolver y depurar a la Guardia Pretoriana, creando una nueva guardia compuesta por cohortes reclutadas entre tropas leales vinculadas a su base de poder en Germania. En lo político, fue una medida de control. En lo social, fue gasolina: Roma desconfiaba de ejércitos “extranjeros” imponiendo orden en su propia ciudad.

Lo que dicen las monedas (y lo que sugieren)

La moneda no es un simple retrato: es propaganda de bolsillo. En la numismática de Vitelio aparece con frecuencia el título Germanicus, subrayando el origen militar de su ascenso.

Un ejemplo muy ilustrativo es un áureo conservado por el British Museum: muestra a Vitelio laureado en el anverso y, en el reverso, a sus dos hijos (un hijo y una hija) enfrentados. Es un mensaje claro: dinastía, continuidad, familia imperial, incluso en un reinado nacido del caos.

El enemigo que crecía en Oriente: Vespasiano

Mientras Vitelio intentaba gobernar Roma, en el otro extremo del Imperio se gestaba el golpe definitivo. Vespasiano, comandante en el frente oriental, fue proclamado emperador el 1 de julio del 69.

La diferencia entre ambos no era solo geográfica. Vespasiano representaba una coalición potente: provincias orientales, recursos, y una maquinaria militar curtida. Además, tenía una ventaja política decisiva: la posibilidad de presentarse como restaurador del orden.

Segunda batalla de Bedriacum y derrumbe: cuando el poder se deshace

La guerra volvió a Italia. Las fuerzas flavias avanzaron y el choque final se resolvió en la Segunda batalla de Bedriacum, en octubre del 69. La derrota de los vitelianos dejó a Vitelio en una posición desesperada.

A partir de aquí, el relato se vuelve especialmente dramático, y Tácito ofrece escenas de alto voltaje político: negociaciones, intentos de abdicar, y una ciudad convertida en tablero de violencia.

El intento de abdicar: una Roma que no deja salir a su emperador

Según Tácito, el 18 de diciembre, tras conocer la defección en Narnia y el avance imparable de las fuerzas flavias, Vitelio intentó abandonar el poder públicamente. Salió del palacio vestido de luto, acompañado por los suyos, y llegó a ofrecer su daga —símbolo del mando— en un gesto de renuncia. Pero la multitud y los soldados lo empujaron de vuelta. No era compasión: era miedo, incertidumbre, intereses cruzados.

La imagen es brutal por su contradicción: un emperador que quiere dejar de serlo y no le dejan.

La muerte de Vitelio

El 20 de diciembre del 69, las tropas flavias entraron en Roma. Vitelio fue asesinado.

Las fuentes antiguas, especialmente Suetonio y Dión Casio, añaden detalles humillantes sobre su captura y exposición pública. Más allá del matiz exacto que cada autor ofrece, lo esencial es inequívoco: su final fue público y violento, el cierre simbólico de una autoridad que nunca llegó a estabilizarse.

La mala fama: ¿glotón, cruel… o víctima de propaganda?

Pocos emperadores han quedado tan encasillados como Vitelio. En las biografías antiguas aparece asociado a dos vicios: glotonería y crueldad. Suetonio, especialmente, insiste en banquetes desmedidos y excesos.

Ahora bien, aquí conviene aplicar una regla de lectura histórica: cuando una figura cae tras una guerra civil y el vencedor inaugura una nueva dinastía, la reputación del derrotado suele convertirse en herramienta política.

No significa que todo sea mentira. Significa que el retrato puede estar diseñado para que el lector saque una conclusión única: Vitelio “merecía” caer porque era indigno. Y esa idea encaja demasiado bien con el relato legitimador de los Flavios.

Dicho de forma clara: hay hechos (proclamación en Germania, Bedriacum, entrada en Roma, derrota, muerte) y hay interpretaciones cargadas (su carácter, su moral, su capacidad). Un artículo sólido debe contar ambas cosas, pero sin confundirlas.

Qué deja Vitelio en la historia de Roma

Vitelio no fundó una dinastía ni impulsó reformas duraderas. Su importancia es otra: es la prueba viva de que, en 69, el trono romano ya no se decidía en el Senado ni en el Foro, sino en los campamentos.

Su reinado también deja una lección incómoda sobre el poder:

  • La legitimidad puede nacer de la fuerza, pero no se mantiene solo con ella.
  • La capital puede reconocer a un emperador y odiarlo a la vez.
  • Y cuando un régimen cambia por violencia, la memoria del derrotado se convierte en territorio de guerra.

Vitelio gobernó ocho meses, pero su caída ayudó a definir algo mucho más grande: el inicio de la etapa flavia y el intento —a veces exitoso, a veces no— de volver a coser un Imperio que se había rasgado por dentro.

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